Natalia Espinosa

Corrugados arqueológicos, 2021

Arcilla y materiales de deshecho

Natalia Espinosa se sitúa en el año 2120, cuando los seres humanos hemos ya acabado con el planeta y pocos han sobrevivido a los desequilibrios derivados de la crisis climática. Los árboles son escasos, los animales prácticamente inexistentes.

Quedan algunos líquenes, insectos recios y poquísimas lombrices. La artista tomó como punto de partida un posible apocalipsis y realizó objetos imaginándose que serían encontrados en ese futuro lejano, cuando nuestra civilización se encontrase al borde de la extinción.

Como base de su propuesta optó por utilizar objetos cotidianos que abundan en nuestro día a día y que, a causa de sus modos de producción o su uso desmedido, conducen al planeta a una situación insostenible. Las obras que aquí se muestran pertenecen a ese futuro posible, uno en que los humanos seguiremos creando en medio de la desolación. Recogeremos basura y la transformaremos.

Por su parte, la arcilla llevó a Espinoza por una senda nostálgica, a camino entre la estética precolombina y aquella en que los materiales industriales (cartón corrugado, embalajes para fruta, botellas plásticas, cubetas para huevos, etc.) ofrecen sus geometrías perfectas para atestiguar una humanidad inventiva e inteligente.

La musealización de los elementos de desecho alude a los vestigios arqueológicos que estamos dejando como legado a las futuras generaciones. La escala doméstica equilibra la gran amenaza que nos rodea, comunicando el valor del decrecimiento y de la preservación de la escala como claves para enfrentarnos al inminente colapso.

Tal vez, algún día, alguien encuentre estos objetos y los deposite en un museo para contar un nuevo relato de aquello que fuimos.

ECUADOR

Natalia Espinosa 

Artista ecuatoriana,  estudió artes visuales en Ecuador, Holanda y Chile, tiene una maestría en Estudios de la Cultura por la Universidad Andina Simón Bolívar, es fundadora del taller de cerámica Perro de Loza, ubicado en el barrio de La Floresta, lugar en el que reside desde hace más de una década y desde donde ha iniciado una reflexión sobre los modelos de construcción de los años 50, 60 y 70 que dan pie a un estilo de vida comunitaria en contraposición a la implantación de edificaciones herméticas en las que los vecinos ni se conocen.  

Su obra oscila entre el dibujo y la  escultura especialmente con arcilla, pues su naturaleza es cercana a la vida doméstica, artesanal, tradicional. Espinoza se enfoca en representar  la importancia que los seres humanos dan a ciertas construcciones de la sociedad como la familia, el trabajo, la fe, el reconocimiento, el poder. 

Para ella:

“[…] La arcilla se deja transformar con generosidad, sus connotaciones domésticas son tranquilizadoras. Hay días en que la convierto en un cuenco para acompañarnos en la mesa, otros en que la utilizo para cuestionar algo que me afecta particularmente. Ambas creaciones me alegran por igual, me concilian con el mundo y me permiten seguir aguantándolo con cierta gracia.”

Desde esta perspectiva reproduce objetos, seres humanos, animales, situaciones, viviendas a escala reducida, y en todas estas construcciones procura encontrar rasgos característicos de la cultura popular latinoamericana; de manera acuciosa replica detalles decorativos que evidencian los oficios más tradicionales, con un material que crea proximidad familiar y afectiva con las costumbres locales.

Su obra ha sido parte de exhibiciones individuales y colectivas en galerías reconocidas dentro y fuera del país.